Venezuela

En mis manos la lumbre

En mis pies el dolor

Una piedra embaucadora ha torcido mi tiempo

No, este es el tiempo cuando cada ala es un ala rota

Lagrimas, lagrimas crujen

Añoro mi madre. Está despierta en el umbral

Calmando su llanto con un manto

Manto que lleno de olores frutales calman mi memoria

Por favor no me dejes Venezuela, no me dejes cuando todo es agonía.

No me dejes cuando el hambre crepita.

No me dejes cuando solo eres tú mi corazón.

Venezuela es un país muerto.

También yo.

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La tristeza

De párpados caídos anduve en la distancia

Colmando de soledades a los mortales

Un día austero y en medio de una calma,

Ocurrió el desastre poco a poco engullía

La felicidad que quedaba en un cuerpo

De huesos tiernos y sonrisa fingida

Mientras soñaba despierta esta pobre alma

Consumía sus pocos misterios,

Tardó en darse cuenta que su vida no valía

Tardó en consumir la poca esperanza en sí

Pero logré mi cometido,

Lo hice enamorarse de mis cabellos

De mi aliento

De mis costumbres

Y de mi testarudez.

Caminaba tácito y nocturno por la vereda que daba a mi pequeña residencia estudiantil, el cual estaba repleto de personas un poco menores que yo y que su vida parecía estar en otro nivel que la mía.

Yo trabajaba por las mañanas medio turno y al salir debía estudiar mi licenciatura en literatura. Las clases eran lentas y calmadas me condenaban a una burbuja de arte de la cual no quería salir,

Debía caminar un largo trecho de mi instituto a mí pequeño y alquilado hogar, la testarudez solía sembrar trampas en mi propia cabeza y recorría las calles con un humor que trasmutaba todo mi alrededor, un silencio y el vaivén de los automóviles hacían eco en mi cabeza cuando cruzaba la autopista a pie, solía pensar en cómo mi vida en solitario me hacía sentir y en los posibles cambios que podría lograr si me esforzara en encontrar compañero.

Pasaba tanto tiempo solo, que me resultaba tan difícil encontrar alguien con quien conversar, sufría de la terrible enfermedad Cervantina y no paraba de leer numerosos ejemplares de literatura inglesa, aminoraba un poco mi sentido de soledad y calmaba un poco la tristeza enguacalada que solía atormentarme en las noches. Pero todo esto cambió cuando al fin descubrí el verdadero rostro de la tristeza…

No todo mi corazón te ama

Solo la parte que está enferma…

– Yolanda Pantin.

La tristeza se ocultaba en la oscuridad, tenía sueños y aspiraciones iguales a las mías, contemplaba mi vida y buscaba el momento exacto para aparecer y alimentarse de lo poco que me quedaba, sufría por su causa, y tardaba en darme cuenta que era ella quién me hacía tan infeliz, de ella logré sacar números poemas, numerosos textos y logramos concretar una especie de relación que iba y venía al song de cualquier música que me recordara a mi desdichada infancia.

Era fácil contemplar su rostro, solo tenía que pararme frente al espejo y verle la cara, decirle lo que sentía y ella inmediatamente tenía la solución a mis problemas.

Es todo tan simple, toda una lástima.

Mayo es el mes de las lluvias

El tiempo clama y con él la angustia

La llama en el cuerpo y lo que nos une

Solíamos compartir la lluvia con un baile

Abandonábamos nuestras cosas y nos,

Lanzábamos al agua.

Tres pasos a un charco y tu voz musitaba un poema de esos tiempos en que nos comíamos la vida, vos solías ser tan amable con mi soledad y calmabas mis miserias con poesía, bastaba con recordar juntos a Tomás, los cuadros y los cabellos desnudos, vendía mis días por estar plegado en nuestros sueños de jóvenes artistas.

El tiempo cambia abruptamente

No hay escape para la verdad,

La verdad es una sola y se mantiene,

Enjaulada.

Tomás, no miras porque no ves, ni tocas con tus manos mi profunda conmoción, mi vertiginoso vuelo…

– Alicia Montero

De huesos rotos

Hoy les hablo de aquellos huesos que no consiguen reparo, aquellos tristes huesos que no consiguen consuelo. La edad y la experiencia y sobre todo las caídas han desgastado su inconmensurable poder de regenerar sus cimientos.

A veces la vergüenza de andar con los huesos rotos desaparece y con las crines blancas van en busca del roce, de la partidura de consentir su cuerpo en soledad. Pero el mundo se ha convertido en una ventura para los huesos nuevos y estos suelen ser muy despectivos con aquello que está desgastado…

I’m not afraid of who in used to be.

Miley Cyrus

Los huesos nuevos creen que lo saben todo, los designios del destino, la fiebre, el fuego, la magia, la piel oscura, la muerte, la muerte por desangrado de corazón.

Lo cierto es que no saben nada, solo saben lo que está de moda ahora mismo, no hay un respeto por los árboles no por la caza de delfines en el cielo, no hay nada de placer en una conversación y en hacer el amor al café o que este te lo haga a ti. La verdad es que se han perdido de lo único importante.

Aprender a aferrarse a los huesos tras cada caída.

Absolutidad

Jadeantes crines retumban con el viento

Pieza de fuego que el tiempo no altera

En tus montañas y laderas se esconden,

secretos que aguardan en tu cuello

Con el tiempo te darás cuenta,

Que un hechizo de amor vive en tus ojos

La luna dejó marcas en tu pecho

Tu alma y tu cuello

Esos lunares solo buscan la saliva

En tus manos fueron talladas las desdichas

El desatino, el poder.

Ven y convénceme siempre

El siempre es tan nunca cuando tu boca

Alumbra el adiós.

La abuela.

Adicta a los lunes, en su vestido blanco con encaje de colores, solía deambular mi abuela con ayuda de cualquiera de sus hijos y es que para una mujer de ochenta y tres años caminar era cosa de otros tiempos, iba en su silla de ruedas con un loro al hombro sumergiendo a todo el mundo es sus historias de histeria y hambre de una República maligna.

Solía alimentar al loro con cualquier cosa que lograse llegar a sus manos, una vez hasta quiso enseñarle a tejer al pobre de Pancho, este loro que aguantó doce años a su lado y que hasta su último día se paseaba de su hombro hasta sus piernas hasta poder al fin descansar en algún hombro en algún otro sitio.

Entre tantas cosas que recuerdo de mi abuela era su escasa dentadura y lo mucho que me hacía reír al mostrar sus encías, se alimentaba del corazón de cualquier alimento, nada crujiente ni pasado de fuego, solo lo qué hay muy dentro de lo que comemos siempre.

El albor en sus ojos, el celeste cálido y capcioso, su cabellera lisa y blanca, los años e historias a cuestas…

Yo fui un hijo no esperado, de echo mi padre estuvo enojado durante 9 meses con mi madre hasta la hora de mí nacimiento. No tenía ni dónde poner mis huesos cuando llegué a este mundo, pero mi abuela siempre tenía un tesoro escondido, y podía caminar hasta ellos y fue así que logré tener todo lo que un bebé necesita. Mi abuela guardaba con recelo aquel recuerdo de mi padre tratando de huir de la responsabilidad de sus actos.

Hay tanto que aún recuerdo de ella, que hasta su olor a bebé de ochenta y tres años sin dientes y sin poder caminar se me queda impregnado en la nariz y en la boca…

El umbral

Sinuoso laberinto de tragedias

Apócrifos tormentos

Llenura hasta la garganta,

Comisura entre la liebre y tus manos

Sagrados tormentos.

Anochece en el umbral

Tiemblan los huesos, susurran una alegre melodía, el tronar de los tuétanos, lo más íntegro en el hombre.

Se sirven de misterios los pobres

Se sirven de misterios las aves

Se sirven de misterios lo que suena en los huesos.

Se siente en los oídos un temblor ajeno, es el rugir de los dolores que aguardan caer en un alma sensible.

Te siento en mí como un terrible augurio en tus rios y caudales.

La historia que sigue de mi vida

Parte III

De alas rotas, de muchedumbre escabrosa, de escaparates llenos de sal en sus rincones, la superstición de qué hay algo maligno en cada uno de nosotros.

Otra palabra que define mi existencia es el dolor quema cuál tenebroso silencio incrustado en un bosque desprovisto de vida.

Soy como un árbol que solo lo define su silencio y su inmovilidad. A la espera siempre de que el mundo al fin desfallezca una mañana y cuando ya no quede nadie soltar los pies que el tiempo a echado a crecer bajo la tierra.

El amor siempre juega con los mortales

Si bien siempre he gozado de la compañía y la amistad sufro de la inevitable y terrible enfermedad del abandono.

II

Se tiene como complemento el abrazo que se hunde en la memoria ajena, el proceso de reaparición de los fantasmas que a duras penas recuerdan que no te han salvado de tus desfallecidas angustias.

Se tiene como augurio una mariposa azul que cruza el cielo sin ánimo de traer la muerte en su vuelo, pero una ave no tarda en darse cuenta el posible veneno que ella contiene, el ave la evita, las personas la evitan.

¿Es el color el que causa tal angustia?

No es acaso el azul el color de la tristeza, no es el azul el color del cielo, no es el azul el color de esos ojos conmovedores que causan el taladrar de mi espíritu.

Sí, el azul es la muerte, hay que tener cuidado de lo que se tiene en mente. O la mente puede acabar con lo qué hay en nosotros.

PD: Hay que creerle a las aves.

He aquí mi historia

Joven temeroso, anudado hasta la garganta con la voz medio tambaleante va surcando el desespero de la noticia de poder expresar cada sentir.

El joven temeroso se nutre de la poca vida que alcanza obtener de su día a día. La vida se agota a cada instante, no sabe acaso que le queda poco tiempo.

Se cierra la esperanza con cada agitar de alas

El miedo acelera el proceso, aún más la tristeza en los es pequeños suburbios de la ciudad del fuego anida su alma.